La lucha institucional por el control del útero

Las mujeres son susceptibles de padecer diferentes tipos de violencia a lo largo de su vida por la sola cuestión del género. Desde pequeñas violencias cotidianas hasta la violencia tácita de nuestro sistema patriarcal en el que las mujeres y sus trabajos tienen un valor

Imagen de Leonardo da Silva https://www.flickr.com/photos/leonardodasilva/

Imagen de Leonardo da Silva https://www.flickr.com/photos/leonardodasilva/

intrínseco menor que el del hombre, pasando por el caso gravísimo es el de la violencia obstétrica del que tengo pendiente hablar en otra entrada: como en muchos centros las mujeres son maltratadas sistemáticamente física y emocionalmente en el que debería ser el momento más feliz de su vida.

Últimamente se viene generalizando una violencia institucional cuyo objetivo es el control del útero de las mujeres y del bebé nonato, proceso en el cual se infantiliza y maltrata a la madre cosificándola y quitándole su derecho de decisión. El estado parece decidir que si el útero lleva vida dentro, la madre debe ceder su autonomía sobre su cuerpo en aras de las instituciones.

La semana pasada he leído dos noticias que suponen la máxima expresión de este afán institucional de decidir y legislar lo que pasa en el útero: el caso de Rennie Gibbs, condenada a cadena perpetua por la muerte de su bebé prematuro (EEUU), y el de una mujer a la que su obstetra le mandó la policía a casa por estar embarazada de 42 semanas, y la llevaron a la fuerza al hospital para realizarle una cesárea (Brasil).

En el primer caso parece que la madre había consumido cocaína, aunque los expertos en temas de salud y drogas van a testificar que la cantidad de cocaína hallada en la sangre  no puede causar daños severos al feto. Aún así se pide pena de cadena perpetua. No es el único caso de esta índole en Estados Unidos, ya que se está persiguiendo judicialmente a las mujeres que sufren una muerte intrauterina en busca de responsalibilidades.

En el segundo caso, parece ser que la mujer acudió al hospital para hacerse las pruebas normales en estos casos para controlar que el bebé está bien. Una vez comprobado y ya que todavía las contracciones no eran de parto,  quiso ir a su casa para ponerse de parto espontáneamente, con la intención de acudir al hospital cuando la dilatación estuviera más avanzada, para evitar intervenciones innecesarias. Esto no le pareció bien a la obstetra, que avisó a la policía, la fueron a buscar a su casa y la obligaron a ir al hospital y practicarle una cesárea, sin ningún motivo médico salvo el haber cumplido las 42 semanas. En Brasil la tasa de cesáreas es del 42%. La infantilización de la mujer en este caso y el sometimiento por la fuerza a la supuesta autoridad de la ginecóloga son un ejemplo llevado al extremo del intento institucional de desalojar a las mujeres de nuestro propio cuerpo y de quitarnos nuestro poder de decisión sobre nuestros úteros.

Aquí tenéis una comadrona brasileña hablando del tema.

Se ha creado la campaña en twitter #somostodasadelir  para apoyar a esta mujer y protestar por la violación de sus derechos.

 

 

 

email

Entradas relacionadas:

Suscríbete a nuestro boletín!
Apúntate a nuestra lista para no perderte las novedades del blog y ofertas exclusivas. Cada semana una oferta nueva única para suscriptores. Nunca nunca nunca te enviaremos spam. ¡Es gratis!
Esta entrada fue publicada en Opinión y noticias y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario