Los niños, la última minoría

La actitud que esta sociedad tanto en el ámbito individual y familiar como desde las instituciones mantiene hacia los niños me hace pensar en ellos como el último colectivo al que es socialmente aceptable discriminar e incluso humillar. Desde luego que hay otros niñosgrupos sociales que viven la marginación y que tienen una situación de desventaja frente a otros (inmigrantes, gays, mujeres… ) pero el caso de los niños es especialmente sangrante, porque es una discriminación que se puede hacer a plena luz, no hace falta tener ningún tipo de miramiento.

Me acuerdo del caso deplorable en el que un bar había expulsado un grupo de discapacitados. Si bien se dió la discriminación, también es cierto que fue portada de todos los periódicos, las asociaciones exigieron responsabilidades y en suma, hubo una gran indignación general. Mientras tanto cada vez hay más negocios que cuelgan el cartel “sin niños” sin que haya ninguna alerta social. No me vale aquí la excusa de que los niños son ruidosos y molestos, pues más ruidosos son a veces los grupos de turistas, y más molestas ciertas personas , y hablo por experiencia (el cliente borde, el que no le quita la vista de encima a la camarera o a las mujeres de la sala, el de la broma “graciosa”, el que come con la boca abierta) A todos les toleramos, menos a los niños. Los niños no tienen asociaciones que les representen.

A nadie le entraría en la cabeza que le invitaran a una boda (celebración familiar por excelencia) y en la invitación especificara “no traigas a tu novio negro” o  “parejas gays no”. Sin embargo cada vez es más frecuente restringir el acceso de los niños a estos eventos, lo que es una gran pérdida para el niño y para todos los demás. El pedir a una familia que se tenga que dividir para ir a una boda es una incongruencia enorme, que sólo se explica en la creciente desconexión de los adultos de la naturaleza y necesidades del niño.

Los niños han sido expulsados del espacio público, limitados a pequeños espacios vallados donde se amontonan en horarios reducidos a lo largo del día.

A los niños se les pega y humilla en público cada día. La mayoría de nosotros ha visto estas escenas de violencia cotidiana en el súper, en un parque, por la calle… Collejas, bofetones, tirones de pelo e insultos. Las pocas veces que he visto a un hombre golpear o insultar a una mujer en la calle siempre, cada vez, ha ido alguno de los presentes en auxilio de la víctima (que en ocasiones no quería ser auxiliada, pero esto se escapa del tema). Cuando esto ocurre con un menor es difícil ver reacciones que vayan más allá de girar la cabeza, aunque pegar a los niños es delito en nuestro país. La violencia contra los niños está ahora tan normalizada como lo estaba la violencia contra las mujeres hace 50 años.

¿Qué conseguiremos despreciando de esta manera al colectivo que conformará la sociedad en un futuro? ¿Qué empatía se podrá esperar de ellos, relegados de la vida social, apartados de los eventos familiares y con sus necesidades de apego, tiempo y atención desatendidas? O empezamos a cambiar las cosas haciendo visible la discriminación y protestando ante cada desprecio de los derechos de los menores o avanzamos hacia una sociedad  (todavía más) deshumanizada.

 

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2 respuestas a Los niños, la última minoría

  1. Ana Hevia dijo:

    Me dejas de piedra, nunca he visto estas cosas, supongo que será por el entorno en el que vivo o por mi tendencia natural al despiste. Pero tengo clara una cosa, yo no voy a ningún sitio en el que no dejen entrar a mis hijos.

  2. Ana Hevia dijo:

    Y puntualizo, aunque vaya sin ellos.

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