Parir sin miedo, el legado de Consuelo Ruiz

parir sin miedo, consuelo ruizHace unos días compré el libro Parir sin miedo, escrito por Consuelo Ruiz Vélez-Frias. Me gusta mucho leer y leo todo lo puedo en el (escaso) tiempo libre que tengo. Además, leo mucho sobre embarazo y parto y contínuamente estoy buscando libros sobre esta temática. Por eso me cuesta encontrar libros que hagan ver las cosas desde un punto de vista nuevo y a menudo leo las mismas cosas repetidas. No es el caso de este libro que, más que por el contenido -que también es revelador- es la forma de contarlo y lo que se atisba de su autora lo que engancha desde la primera página.

Consuelo Ruiz Vélez-Frias fue una comadrona española que nació en 1914. Pasó gran parte de vida atendiendo los partos en casa en un barrio muy pobre de Madrid. Conoció el método psicoprofiláctico de preparación al parto en Francia y lo intentó introducir en España escribiendo el libro “el parto sin dolor”. En lugar de conseguir su objetivo, el introducir unas clases prenatales que consistían básicamente en informar exhaustivamente a la madre sobre el parto, le despiedieron de  su trabajo y tuvo que exiliarse. Tras unos años regresó a España a comprobar, llena de dolor y de rabia, cómo el parto había pasado a manos de los médicos y el exceso de intervencionismo y las malas prácticas se habían generalizado con la institucionalización de la práctica totalidad de los partos. Dedicó su vida a instruir a las mujeres y a tratar de recuperar los derechos de éstas sobre su propio parto. Pero como ella explica: “dentro de nada  me voy a morir, derrotada, sola y triste, sin haber conseguido lo que quería, pero sin haber renunciado a nada, sin haber cejado en mi empeño, manteniendo hasta el final mi antorcha encendida y con la esperanza de que haya mujeres que despierten a su luz y que no se dejen engañar

Las palabra de Consuelo Ruiz en el libro son mucho más claras y cercanas de lo que acostumbran a ser en los libros que tratan el parto. Se trata de una recopilación de varios textos, y en él se cuentan anécdotas increíbles de los partos que ella atendía en las chabolas de Madrid, donde al principio tenía fama de mala matrona porque “no hacía nada y dejaba que los bebés nacieran solos” aunque luego tuvo más fama, porque la gente comenzó a pensar “que tenía muy buena suerte” ya que en sus partos no había casi nunca complicaciones. También se incluye una carta al obstetra del s.XXI, un texto sobre los cuatro enemigos del parto en casa, y varios otros con sus opiniones y vivencias. Narra con amargura cómo sintió toda su carrera que predicaba en el desierto, cómo se cargaron la profesión de matrona,  y nos deja un trozo de la historia del parto en España. Con la lectura ríes, te indignas, te enterneces y lloras y, aunque no estoy de acuerdo con alguno de sus planteamientos, puedo decir que es un libro que desde hoy se convierte en básico en mi pequeña biblioteca y lo voy a recomendar a todo el mundo.

Consuelo Ruiz se quedó hemipléjica después de sufrir un ictus, pero eso no la apartó de su vocación y siguió preparando mujeres para el parto en su casa, y atendiendo partos en casa, donde ella seguía toda la dilatación y llamaba a otro médico para el expulsivo, ya que no podía recibir al bebé. Murió a los 90 años.

Fragmentos de Parir sin Miedo, de Consuelo Ruiz

“Quienes, por los motivos que fueran, no podían dar a luz en sus casas, lo hacían en establecimienos especiales, las Maternidades, dedicadas exclusivamente al parto y bien preparadas para ello. En Madrid había varias, destacando, entre ellas la “Casa de Salud de Santa Crisina”, fundada por la Reina Madre María Cristina de Habsburgo, que la II República Española convirtió en “Escuela Oficial de Matronas” en 1932; el franquismo la respetó, las matronas nos sentíamos orgullosas de ella, pero se cerró en 1986, cuando ya se había suprimido la carrera y la profesión liberal de Matrona.
La profesión de Ginecólogo se refería únicamente al médico especialista en enfermedades del aparato genital femenino. El parto, en aquella época, no era aún una enfermedad, y los partos distócicos e incluso los normales de gente importante eran asistidos por un médico especialista, el “tocólogo” que, en ocasiones pero no siempre simultaneaba esa profesión con la de ginecólogo.
Había casos en que la misma persona desempeñaba ambas especialidades, como ocurre en otras, como abogado/notario o sastre/modisto, pero eran los menos. La separación entre enfermos y sano era rigurosa, y el tratamieno entre paro y enfermedad, también.


 

“El que la embarazada pudiera elegir libremente a su matrona era un hecho completamente natural, ya que el parto se consideraba un importante acto privado e íntimo. Parece mentira que, durante la dictadura, las mujeres españolas fueran libres de elegir quién las asistiera al parto y de parir en su casa o en alguna de las muchas y buenas maternidades que había, y que la democracia considere tales libertades una gollería y las obligue a parir en el hospital, a intervenciones quirúrgicas en sustitución del parto natural al que las españolas no tienen derecho a menos que recurran a la costosísima asistencia privada, después de que se hayan cerrado absolutamente todas las maternidades de Madrid”


“¿Dónde está lo lógico y lo ilógico del cambio drástico y radical efectuado en la vida de la mujer? ¿A quién ha beneficiado la actual “liberación” de la mujer que la obliga a salir de su hogar para ponerse al servicio del capital, como mano de obra eficiente, bien preparada y más disciplinada y barata que la masculina en la mayoría de los casos?

Es lógico pensar que quien ha salido ganando ha sido el capital, y que gran parte de las mujeres han salido perdiendo con el cambio, porque si bien no han renunciado a sus tareas tradicionales, las han tenido que compaginar con su trabajo fuera del hogar, lo cual es verdaderamente difícil teniendo hijos pequeños.

Por mucho que corran y que se afanen de una tarea a otra, siempre acabarán por tener que renunciar al cuidado personal de sus niños, a tener que valerse de otras gentes para ello y a que los bebés carezcan de algo tan imprescindible al comienzo de la vida como es el contacto y la presencia constante de la madre.

No es que haya una ley misógina que le impida parir, sino que se ha hecho una propaganda antimaternidad y antiparto tal que las mujeres en la actualidad opinan que parir y ser madres es humillante propio de cuadrúpedos, de seres inferiores, que es preferible que la tarea de poblar la Humanidad se encomiende a la ciencia moderna que dispone de medios eficaces para ello y que a la mujeres se le asignen otras de mayor categoría e importancia”


“¿Cúal es el papel actual de la matrona en el parto? ¿El de un monaguillo que cumple órdenes esotéricas del sacerdote/médico/brujo que mediante misteriosos ritos pone en marcha el parto artificial en el momento deseado que lo termina rápidamente y a su gusto sin intervención consciente de la mujer/materia que no se entera de nada?

¿O es un robot acoplado a una formidable y complicada máquina de hacer partos el multiprofesional “equipo tocológico” que semejante a una orquesa sinfónica, ejecuta el parto, prescindiendo de la obsoleta marcha fisiológica del mismo? Todo bajo la emiente batuta del ginecólogo, especialista en enfermedades femeninas?


…Traté de calmarla con buenas palabras mientras intentaba escuchar el latido cardíaco fetal, pero me hizo soltar el estetóscopo de un manotazo y empezó a patalear gritando que no se iba a dejar tocar ni asistir por mí de ninguna manera porque tenía muy mala fama, de no saber de partos y de no tener compasión de las mujeres a las que no ayudaba para nada que las dejaba que se retorcieeran de dolor, mientras yo permanecía tan tranquila, como si no estuviera pasando nada que no tenía caridad ni lástima de nadie. Acabó gritando enfurecida: ¡Fuera de mi vista que no quiero ni verla! ¡Salga inmediatamente de mi casa! [...] me dijo (el marido tras el parto normal del bebé) que ella estaba trastornada por el miedo al parto porque los había tenido muy difíciles, que si no hubiera sido por la pericia de Doña Genoveva se hubiera quedado viudo. Habían tenido antes tres niñas y un niño, y los cuatro habían muerto durante el parto porque su mujer era “estrecha de natura”. Menos mal que Doña Genoveva se dio cuenta de ello en el primer parto el mejor de todos en el que la niña vivió dos horas. Había nacido “amoratá” y sin fuerzas para llorar y por eso, como se tenía que morir, mejor que se muriera enseguida que vivir así.

Su mujer tenía los partos muy malos. ¿Si no hubiera sido por Doña Genoveva! Para nosotros esa mujer es una santa. ¡Quitaríamos a la Viergen del Carmen de su altar para poner a Doña Genoveva! Siempre me preguntaba por quién tenía yo más interés si por el hijo o por la madre porue mi mujer es tan estrecha que es casi imposible que se salven los dos. No me explico como éste ha salido tan sonrosado y tan despierto sin hacer nada. ¡Si hubiera visto usted cómo sudaba y jadeaba Doña Genoveva haciendo parir a la fuerza a mi mujer!

Podéis encontrar Parir sin miedo en la librería online mundo tueris.

 

 

 

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Una respuesta a Parir sin miedo, el legado de Consuelo Ruiz

  1. También es mi lectura del verano, que lo sigas disfrutando :D

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